lunes, 13 de febrero de 2012

Ante el próximo relevo del titular del IVEC, ¿dónde se encuentra esta institución cultural?


El IVEC, como parte de una renovada administración estatal, que inició su gestión el 1º de diciembre del año 2010, y en el marco de los Ejes Rectores que sustentan el Plan Estatal de Desarrollo, fundamenta sus acciones en los siguientes principios:

·        Reconocimiento de la diversidad cultural
·        Libertad de expresión y creación
·        Participación social
·        Equidad de género
·        Fomento al diálogo intercultural
·        Lucha contra la discriminación
·        Transparencia en el uso de los recursos financieros y materiales
·        Programas y actividades fundamentados en la normatividad pertinente.

A partir de tales principios, y de acuerdo con la iniciativa del Gobernador del Estado, Dr. Javier Duarte de Ochoa, se pretende generar procesos de creación, gestión, preservación, difusión y democratización cultural, para extender su acción a un mayor número de veracruzanos. En concordancia con tales planteamientos, la política cultural de Veracruz tiene como objetivo lograr que todos sus habitantes participen y disfruten de las manifestaciones artísticas y del patrimonio cultural e histórico, reconociendo que se trata de aspectos fundamentales para su pleno desarrollo como seres humanos.

De acuerdo con la Ley número 61 que da origen al IVEC, éste tiene como objeto “auspiciar, promover y difundir la actividad cultural por medio de la afirmación y consolidación de los valores locales, regionales y nacionales, y de fomento e impulso a las artes; a la preservación del patrimonio arqueológico e histórico, así como de la protección y el estímulo a las expresiones de la cultura popular, a fin de propiciar y alentar la participación en este renglón de los habitantes del Estado y coadyuvar en el cumplimiento de los fines que en materia cultural establece la Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado de Veracruz”.

En el Plan Veracruzano de Desarrollo 2011-206, las acciones del IVEC contribuyen al logro del objetivo que refiere a Apoyar y fortalecer las actividades culturales, a partir de la promoción y el desarrollo de la vocación y las expresiones culturales propias de las regiones y ciudades veracruzanas; comprendido en el tema Turismo y cultura: riqueza veracruzana, del Eje de Gobierno: Economía Fuerte para el Progreso de la Gente.

Para la consecución de los objetivos contenidos en el Plan Veracruzano de Desarrollo 2011-2016 el Instituto cuenta en su estructura orgánica con áreas sustantivas:

·        Subdirección de Desarrollo Cultural Regional
·         Subdirección de Educación e Investigación Artística
·         Subdirección de Artes y Patrimonio
·        11 Espacios Culturales que son: Galería de Arte Contemporáneo, Museo de Arte del Estado, Recinto Sede Ex convento Betlehemita, Centro Cultural Atarazanas, Casa Museo Agustín Lara, Pinacoteca Diego Rivera, Centro Cultural Casa Principal, Fototeca de Veracruz, Jardín de las Esculturas, Teatro del Estado y Teatro Reforma)
·        Unidad de Enlace de Comunicación Social
·        Departamento de Culturas Populares
·        Departamento de Publicaciones y Bibliotecas

Así como tres áreas adjetivas:

·        Subdirección de Planeación, Seguimiento y Evaluación
·        Subdirección de Administración
·        Departamento Jurídico.

El IVEC agrupa sus acciones y recursos en 4 grandes ejes temáticos:
1.     Patrimonio y Turismo Cultural
2.     Culturas Populares e Indígenas y Desarrollo Regional
3.     Creación Artística y Animación Cultural
4.     Educación Artística y Fomento a la Lectura

 De estos ejes se desprenden los programas siguientes:

·        Preservación, Conservación y Difusión del Patrimonio Cultural
·        Seguros de Obras Artísticas
·        Culturas Populares e Indígenas
·        Desarrollo Cultural de las Regiones
·        Casas de Cultura
·        Espacios de Promoción y Difusión Cultural
·        Divulgación de las Actividades Institucionales
·        Educación y Capacitación Artística y Cultural
·        Centro Veracruzano de las Artes
·        Centro para el Desarrollo Artístico Integral
·        Ediciones y Publicaciones
·        Proyectos Especiales
·        Servicios Administrativos.

Así, las acciones del IVEC se orientan a apoyar y realizar actividades específicas para contribuir a preservar, crear y difundir los bienes tangibles e intangibles que constituyen la riqueza cultural de los veracruzanos. Durante la actual administración, dichas actividades tienen como fundamento el examen evaluativo de las acciones emprendidas, a partir del reconocimiento de las fortalezas institucionales y los logros alcanzados, así como la valoración de las áreas de oportunidad que las circunstancias tanto locales como globales han generado; y atendiendo de manera especial las debilidades y amenazas que habrán de enfrentarse.

Es importante señalar que al iniciar  la administración estatal en diciembre del 2010, se encontró un Instituto Veracruzano de la Cultura debilitado, con poca credibilidad ante la comunidad artística, con procesos administrativos irregulares, sin orden ni transparencia. Por ello, el primer año de la gestión encabezada por el Doctor Félix Báez Jorge, dirigió sus esfuerzos a sanear, fundamentalmente, los aspectos administrativos.

En este contexto algunas de las debilidades que se enfrentan son las siguientes:

·        Faltan diagnósticos sobre la realidad cultural en Veracruz y se carece aún de procesos de planeación integradores, pues esta tarea se sigue haciendo de manera aislada sin propiciar acciones coordinadas entre las diversas áreas, ni transversalidad entre los distintos proyectos.

·        Dos terceras partes del presupuesto asignado al IVEC se destinan al pago del personal. Es decir, sólo un tercio del mismo se dedica a la actividad sustantiva y en éste se incluye el pago de servicios básicos como agua, luz, teléfono, arrendamiento de espacios, por mencionar algunos conceptos.

·        Se requiere definir mecanismos para que la población se involucre en el diseño de actividades del IVEC. En este sentido, una de las acciones de democratización cultural más significativas en el año 2011 fueron los Foros Regionales realizados con motivo del 25º Aniversario de la fundación del IVEC.

·        Se requiere intensificar las acciones para atender las diversas regiones del estado, así como el trabajo dirigido a públicos específicos. Existe cierto temor de sectorizar las actividades y delimitarlas para grupos concretos de la población. Sin embargo, lo anterior permitiría llevar a cabo con mejores resultados el trabajo de formación de públicos, por un lado, y por el otro, desarrollar acciones de difusión aprovechando algunos conceptos de la mercadotecnia cultural, que resultarían en la optimización de los procesos de comunicación con los diversos públicos.

·        Hay una falta de actualización y de aplicación del marco normativo en materia cultural; se requiere actualizar el Reglamento Interior del IVEC y revisar las diversas legislaciones en materia cultural para adecuarlas a los nuevos tiempos; tal es el caso de la Ley para el Desarrollo Cultural y la Ley del Patrimonio Cultural, entre otras.

·        No se logró propiciar la vinculación entre el sector educativo y el cultural; en este sentido, urge implementar acciones que permitan fortalecer ese vínculo.

·        Es necesario incorporar acciones que tengan que ver con asuntos tales como la biodiversidad, el desarrollo urbano, el uso del espacio público.

·        Es necesario desarrollar programas de sensibilización y promoción para el desarrollo de proyectos autofinanciables.

·        Por lo que respecta a los programas bipartitas o tripartitas que se desarrollan en coordinación con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, no se ha contado con la liquidez presupuestal para hacer la aportación que corresponde al estado de Veracruz; y se tienen adeudos de la administración pasada que datan, inclusive, del año 2009.

Además de lo anterior, algunas acciones relevantes que no pudieron llevarse a cabo, durante el 2011,  son:

·        Un proceso de seguimiento  y evaluación cualitativo; únicamente se hace una evaluación cuantitativa a través del seguimiento de avances en el cumplimiento de metas; si bien, dichas cifras pueden dar idea de la actividad que se realiza, no arrojan información cualitativa y sólo remiten a la eficiencia en los procesos de planeación.  Por ello, una tarea pendiente para el 2012 es la implementación de mecanismos de evaluación cualitativa que permitan obtener diagnósticos más completos para replantear los programas, proyectos y actividades, así como información más confiable para la toma de decisiones, trabajo que involucra la construcción de indicadores.
·        No se dio inicio a la procuración de fondos; ante los ajustes presupuestales se requiere considerar la viabilidad de buscar recursos en otras entidades, definiendo los criterios para hacerlo con apego a la normatividad, y buscar establecer comunicación con fundaciones e instituciones que aportan recursos para la cultura.
·        Es lamentable que tanto la infraestructura como los equipos de oficina no recibieron mantenimiento en el año por falta de liquidez presupuestal. Se corre el riesgo de que un porcentaje importante del equipo de cómputo ya no pueda ser utilizado durante el 2012.

En otro escenario, este año, el Instituto Veracruzano de la Cultura, como otras instituciones culturales surgidas en la década de los años ochenta, celebrará en el mes de abril, el 25º Aniversario de su fundación; por ello, en abril del 2011, se editó el documento Hacia el 25 aniversario del Instituto Veracruzano de la Cultura Principios y acciones del Programa Institucional 2010-2016, en el que se presentó una reflexión crítica sobre el quehacer del Instituto, reconociendo que “el IVEC ha transitado, desde su fundación hasta la fecha, por un sendero azaroso en el que se han expresado diversas y contradictorias maneras de concebir la gestión cultural en el marco de la administración pública”.

Es importante señalar que en dicho marco se efectuaron diez Foros regionales durante los meses de junio a diciembre del año que recién concluyó, en las ciudades de Orizaba, Tuxpam, Tempoal, Poza Rica, Misantla, Xalapa, Tlacotalpan, San Andrés Tuxtla, Coatzacoalcos y Veracruz, con el propósito de realizar una reflexión en torno al quehacer cultural en la entidad para conocer la opinión de la ciudadanía y, en particular, de la comunidad cultural y, a partir de ello, repensar y revitalizar al IVEC para que vuelva a ocupar su lugar como instrumento vital de la sociedad.

 En dichos foros se recibieron cerca de 150 ponencias de creadores, intelectuales, artesanos y gestores culturales, que serán publicadas durante el mes de abril, las cuales arrojan información muy importante sobre el desarrollo cultural en Veracruz y, sobre todo, una visión crítica de la situación de la cultura, y que constituyen un primer diagnóstico.

Algunos de los planteamientos y críticas más importantes y que coincidieron prácticamente en las diez regiones, son los siguientes:

·        No hay credibilidad en el IVEC
·        Hay escasos apoyos del IVEC para creadores y promotores independientes y falta apoyo a proyectos y propuestas regionales.
·        Las actividades relevantes se concentran en las ciudades grandes del estado, beneficiando a los públicos urbanos.
·        Se requiere profesionalizar los servicios culturales.
·        La Red de Casas de Cultura se encuentra en el abandono social y económico.
·        No hay promoción ni espacios culturales que beneficien a las comunidades indígenas.
·        Parte de la problemática es la sectorización del IVEC a la Secretaría de Turismo, Cultura y Cinematografía, a partir del año 2006, dependencia cuya prioridad es el turismo.

Falta mucho por hacer, el proceso de reconstrucción del IVEC que  dejó planteado el Doctor Félix Báez  Jorge, será un proceso complicado, pues ante todo habrá que recuperar la credibilidad del Instituto. Sin embargo, ya con una administración ordenada y transparente, durante el año 2012, el IVEC habrá de estructurar su proyecto cultural.

ALGUNOS RETOS PARA EL 2012

Para continuar con la reconstrucción del IVEC se requiere partir de un enfoque dinámico, interdisciplinario, autocrítico y siempre abierto a la revisión continua de los principios, valores y acciones que sustentan el quehacer cultural. El inicio del 2012 deberá cimentarse en el documento colectivo que es necesario estructurar durante el primer trimestre, que debe recoger tanto las voces de quienes trabajan en el Instituto, como aquellas propuestas críticas y reflexivas que se generaron durante los foros por el 25º Aniversario del IVEC y que se convertirá en el Programa Estatal de Cultura 2011-2016. El programa institucional podría dar sentido a los proyectos y acciones que se implementen a partir del año 2012, con una visión compartida que apunte hacia la democratización y la democracia cultural, entendidas éstas como la posibilidad de que las acciones del Instituto se descentralicen y atiendan las necesidades de más regiones y más habitantes; así como la oportunidad de que los ciudadanos se involucren en la definición de políticas y acciones culturales, es decir, una planeación  participativa.

La elaboración del Programa Estatal de Cultura conducirá a un proceso de análisis y evaluación para redefinir proyectos y actividades que han perdido sentido y se han debilitado, o bien que ya no responden a los requerimientos de la población ni a la realidad cultural que ahora se vive.


Lourdes Hernández Quiñones
Febrero 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

La necesidad del sector Cultura en las Políticas Públicas

Es complicado afirmar que la estructura jerárquica de una dependencia garantiza los apoyos para su operación. Basta con mirar hacia la región sur de México-de acuerdo con la regionalización del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-donde 2 estados, Yucatán y Quintana Roo, cuentan ya con Secretarías de Cultura; Tabasco, Campeche y Veracruz, continúan con Institutos de Cultura; y Chiapas desarrolla su quehacer bajo la tutela de un Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.
De Yucatán, basta con reconocer su liderazgo en materia cultural en la región. Han logrado constituir un proyecto cultural ambicioso que comparte por igual una mirada hacia lo social, haciendo de las artes un punto de reconstitución del tejido social, a partir de un fuerte impulso a la música en todos sus géneros; que invita e involucra a niños, jóvenes y adultos; que incorpora a los diversos pobladores en la construcción de  la cultura como sujetos protagonistas de este quehacer. Se trata de un ejemplo en la zona sur. La gobernadora ha brindado su respaldo y el secretario, Lic. Renán Guillermo González,Secretario de la Cultura y las Artes de Yucatán es un hombre con amplia visión y compromiso.
Caso similar es el del Instituto Estatal de la Cultura de Tabasco. Allí se ha dado un fuerte impulso a la Educación Artística y, en lo particular, a la formación artística en el nivel superior. Asimismo, la directora de este Instituto, Maestra Norma Lilí Cárdenas Zurita, mujer entusiasta, ha contado con el apoyo del Gobernador del Estado, lo que ha permitido dar forma a un proyecto cultural importante, con cobertura en diversos municipios de aquella entidad, con un fuerte impulso a las culturas populares e indígenas y a la realización de grandes festivales. En este caso resulta interesante que de ser Secretaría de Cultura, se decidió regresar a la figura de instituto de Cultura.
Lamentablemente el sector cultura continúa siendo muy frágil en las políticas culturales, pues aún no se le da la importancia que éste tiene. Si se tiene que hablar de sus beneficios, se hace referencia a los empleos que se generan, al público beneficiado, pero rara vez se ven los resultados de mayor trascendencia que tocan el desarrollo espiritual y social, el sentido de pertenencia, el orgullo identitario, la posibilidad de construir mejores sociedades.
De cualquier manera, se requiere incorporar en las políticas públicas la discusión en torno a la cultural, a partir de la reflexión y el análisis, a partir de la convicción de que este sector puede aportar mucho para la construcción del futuro.

martes, 29 de marzo de 2011

Voz Invitada: Para reflexionar desde una experiencia de Brasil aplicable para todo hispanoamérica

(Artículo tomado de la revista Pensar Iberoamérica. Revista de Cultura de la OEIhttp://www.oei.es/pensariberoamerica/index.html)

Brasil en tiempos de cultura: escena política y visibilidad

Muy recientemente, ya en la gestión de Gilberto Gil, comenzamos a percibir una preocupación efectiva en comprender y apoyar experiencias, a partir de una visión más global de política pública de cultura. Ese esfuerzo se traduce en programas como el Pontos de Cultura que pone a disposición recursos para experiencias comunitarias en todo el país. Es un principio que merece elogios.

por Marta Porto
Traducción Rosalía Guedes

Entramos en el siglo XXI con plenas posibilidades científicas y tecnológicas para la mejora de las condiciones de desigualdad económica y social. Desafortunadamente la realidad brasileña no se ajusta totalmente a esa tesis. Ocupamos el segundo lugar del mundo en muertes por armas de fuego (UNESCO 2005), tenemos 25 millones de personas por debajo del nivel de la pobreza y una educación formal deficitaria.

La desnutrición, la muerte de adolescentes por embarazo precoz y abortos mal asistidos, los asesinatos por conflictos sociales, son situaciones cotidianas en nuestro país. Nuestras desigualdades históricas permanecen como un desafío generacional. Un cuadro que se confronta con la opulencia de nuestras elites, nuestras costumbres de consumo primermundistas, la modernidad de nuestros iconos culturales y de nuestras metrópolis.

De esa manera, aceptamos lo inaceptable: la invisibilidad de nuestros pobres, de nuestras carencias, de nuestras tristezas y de nuestra inmensa desigualdad. El lujo supera el olor incómodo de la pobreza.

¿Cómo pensar la importancia de las políticas culturales para el desarrollo, a partir de una cultura de desigualdades, construida culturalmente a lo largo de toda la historia brasileña? En este artículo, destacaremos de manera introductoria algunos enfoques que pueden contribuir para una reflexión sobre este tema. Comenzando por la idea de acceso. El acceso a la cultura, pensada ésta no solamente como memoria o acto creativo espontáneo o artístico, sino también como conocimiento, es un acto consciente que exige la inclusión colectiva y política de todos los ciudadanos. Para ello, es necesario disponer de un ambiente comunitario y político favorable a la inserción cultural del individuo y de los grupos sociales.

Nuestra disposición para aprender y dialogar con universos diversos proviene de los estímulos, del ambiente y de la experiencia que percibimos y desarrollamos en la niñez, la adolescencia, la etapa adulta de la vida; estímulos e incentivos proporcionados por la riqueza de los encuentros culturales a lo largo de toda la vida y de nuestra facilidad y curiosidad en aprenderlos y transformarlos en datos importantes para nuestra experiencia vital. La cultura, tal como se proyecta en el siglo XXI, es la experiencia que marca la vida humana en la búsqueda del conocimiento, en el esmero y sentido de pertenencia y en la capacidad de producir cambios simbólicos. En definitiva, el valor que otorgamos a la cultura, ya sea ésta nuestra o aprendida, es aquel que aprendimos a dar.

En ese contexto es necesario recordar el histórico e insuficiente debate en Brasil acerca del tema de la cultura y posteriormente, a partir de la democracia, de la cultura y los derechos sociales y, consecuentemente, de la cultura y el desarrollo.

Ajena a la buena parte de los avances políticos experimentados en las últimas dos décadas y a las discusiones en otros sectores de actuación pública, la cultura se ha caracterizado en los últimos años como un espacio de “disputa de privilegios”, personificado en los límites reivindicados para la exención fiscal de los distintos sectores artísticos, por el lobby de aprobación, dentro de los límites permitidos, en las comisiones de cultura y, naturalmente, por las cuentas publicitarias y de marketing de las grandes empresas brasileñas, en especial y
paradójicamente, de las estatales. De esa manera, el campo teórico por excelencia de las soluciones colectivas revela con crudeza el trazo más contundente de la elite nacional en relación con las necesidades del pueblo: la primacía de los intereses privados y de las soluciones de inmediatez y limitadas a pocos ciudadanos, sobre las necesidades de un cuerpo social diverso al que se le niega el derecho de emancipación cultural y visibilidad pública.

A pesar de la implantación del Ministerio de Cultura en 1985, se ha optado por sectorizar la discusión en los mecanismos financieros capaces de ampliar el dinero público a algunos sectores de la producción cultural; es decir, a aquéllos
con mayor capacidad de organización y presión política. Las leyes de incentivo,
en las tres esferas del aparato estatal, los límites de su exención y las estrategias para cumplir con las planillas de órganos públicos dieron la tónica de la superficialidad política que acometió durante casi dos décadas el debate cultural en el país. Como en ningún otro sector, la cultura del privilegio, de la ausencia de preocupación con los movimientos sociales y culturales, más allá de la tradicionalmente denominada “producción cultural”, estuvo presente en la configuración de las políticas culturales brasileñas. Alejada del debate político, la cultura poco contribuyó al debate sobre el desarrollo democrático en el país, o, quizás, poco reflexionó sobre el campo de oportunidades y contribuciones que podría ofertar al país pensando conjuntamente la educación, la universalización de los servicios culturales —equipamientos y programas—, el desarrollo local basado en los activos singulares de cada comunidad, la organización de una industria y un mercado cultural digno de la capacidad y el talento de nuestra diversidad creadora. Y aún más, ayudando a recuperar y humanizar la cara distorsionada y fea de un país con un pasivo de violación de derechos sociales, económicos, culturales, en fin, derechos universalmente reconocidos como humanos; situación que solamente en los últimos años comenzamos a recuperar, de manera aún tímida y poco asumida.

La cultura, capaz de generar activos socioeconómicos, sin compromisos con
la escala industrial y con los lucros proporcionados por el mercado, es aquella
que nace en las comunidades brasileñas con las fiestas populares, con el encaje de bilro, en los barracones de las escuelas de samba, en las comunidades pobres de Río de Janeiro, en los sitios arqueológicos y en la cultura del cangaço en las márgenes del río San Francisco en la región del Xingó, en la artesanía del Vale do Jequitinhohna en Minas Gerais. Es la cultura
producida en los territorios que el geógrafo Milton Santos nombró como “zonas opacas”, invisibles a la lógica financiera de los mercados y de la ceguera del Estado. Esas culturas exigen reconocimiento en las agendas de política cultural, no solamente como herramienta de autoestima o como símbolo folclórico, sino como alternativa inteligente para generar ganancias económicas, distribución de renta y consecuentemente desarrollo sostenible. Lo que está en juego es reconocer la necesidad de incluir en las políticas culturales la posesión de los recursos, la garantía de asegurar a las comunidades locales “iguales posibilidades de acceso a los bienes de la globalización” (Canclini, 1996).

Reconocer el espacio estratégico de la acción del Estado significa abrir el campo de oportunidades de las políticas culturales al desafío de la inversión de
prioridades y al enfrentamiento de la desigualdad social y la concentración de
la renta, partiendo de una renovación del concepto clásico de ciudadanía que
opera por la lógica del derecho a la igualdad, para asegurar el derecho a las diferencias en el plano político de la acción del Estado.

Un buen ejemplo de cómo iniciar esa reflexión es el carnaval, que atrae cada
año, en Río de Janeiro, a más de trescientos mil turistas. La genialidad creativa del pueblo, habitante en su gran mayoría de las favelas cariocas, teje en el ruido ritmado de las modistas de los barracones el arte que invadirá el Sambódromo en el verano carioca. En el bambolear de las chicas del morro, en la batería ingeniosa, en las alegorías y en la profusión de colores, luces y magia que proviene de ese sincretismo brasileño que irrumpe en el escenario cultural del país durante todo el verano. De hecho, el carnaval carioca genera anualmente un aumento de la recaudación económica del país en más de quinientos mil dólares. Hoteles, restaurantes, discotecas, tiendas, compañías
aéreas y toda suerte de comercio de la economía informal se benefician de la
fiesta popular más importante que produce Brasil. Sin embargo, el aumento de
la recaudación, principalmente por parte de órganos públicos, no representa la
mejora de la calidad de vida de los responsables de la producción de esa fiesta. Habría que preguntarse ¿por qué? Los autores —las comunidades de Mangueira, de Nilópolis, de Serrinha— hacen la fiesta, pero no reciben la ventaja proporcional de su trabajo. De hecho, ¿ha mejorado la vida de esas personas, sus calles, sus escuelas o sus puestos de salud? ¿Quién se queda con los recursos que provienen del carnaval carioca? ¿Qué es lo que diferencia, o lo que debería diferenciar, un programa de desarrollo económico generado por inversiones directas o indirectas en distintas áreas, y un desarrollo económico generado por o a partir de aquellos aspectos que identifican la manera propia de un pueblo y una sociedad a expresarse y manifestarse colectivamente, como es el caso de la cultura? Al transformar el carnaval carioca en un “mega evento” internacional, capaz de atraer más de trescientos mil turistas en la ciudad de Río de Janeiro y generar miles de dólares en movimientos financieros, ¿cómo hacer que se produzca la distribución justa de estos dividendos entre todos los actores locales involucrados en esa producción? ¿Qué clase de impacto deseamos y quiénes deben ser sus beneficiarios? Éstas son algunas reflexiones que deberían promover una política volcada al desarrollo económico.

Potenciar el capital social y cultural de un pueblo es una tarea compleja que exige la apertura de posibilidades de las políticas culturales en integrarse al esfuerzo de desarrollo del país. Ello, naturalmente, implica realizar un esfuerzo para potenciar las áreas de planificación y gestión de un sector identificado por la aversión a esas mismas áreas de acción pública y contar con la debida atención en la formación adecuada de cuadros públicos que operan en la gestión cultural. La planificación requiere investigación, diagnósticos continuados, evaluación y monitoreo, cuadros públicos y no públicos calificados y diseño de todo tipo de programas estratégicos.

Un proyecto que trabaja con estas premisas es Cara Brasileira, coordinado por
el SEBRAE Nacional. El Ministerio de Cultura necesita coordinar un amplio diagnóstico, apostando en ese esfuerzo para volver a situar la cultura en el centro de la dinámica económica, superando la lógica histórica de concentración de renta provocada por otros sectores productivos y proponiendo modelos con núcleos exportadores que partan de las personas y de sus maneras propias de producción. Asimismo, pueden realizarse acciones significativas en el campo de las memorias colectivas o del patrimonio cultural,
a fin de incrementar el potencial de los sitios arqueológicos brasileños, como los de la región de Piauí, incentivando, al mismo tiempo, la investigación, la manutención y el intercambio con otros importantes centros de estudio, así como aquellos vinculados a la memoria de personalidades importantes, como
músicos, poetas o políticos.

Pensar sobre la potencialidad de la cultura desde el punto de vista económico,
exige reflexionar acerca de la capacidad distributiva de un proyecto de esa naturaleza, partiendo de la idea de que cualquier proyecto de fomento económico en un país marcado por la desigualdad social, especialmente en el
ámbito de la cultura, debe constituirse como una posibilidad concreta de cambio de prioridades; debe promocionar la posesión de recursos provenientes de la producción cultural a través de garantías institucionales y financieras, de amplios sectoresde la sociedad brasileña, que hoy no se encuentran incluidos, o siquiera reconocidos como agentes importantes para el desarrollo de la política cultural del país. Lo que está en juego, y en lo que la política cultural tiene un papel central, es el hecho de la redistribución o de la igualdad de oportunidades de la renta, lo que implica, ante todo, reconocer al otro como sujeto pleno en igualdad de derechos. Los conceptos de redistribución y justicia están íntimamente ligados a la cuestión del reconocimiento y, en ese sentido, la cultura en su acción política dispone de un espacio para hacer que ello sea posible a fin de incluir, en un plan de “dignidad igual para todos”, sectores de la sociedad diversos y tradicionalmente marginados. La justicia, como afirma el Informe Mundial de Cultura 2000-2001, “necesita actualmente tanto de una política de redistribución, como de una política de reconocimiento”; ése es el lugar de las políticas de cultura: hacer que ello sea posible.

La injusticia cultural, según el propio informe, es obligar a grupos y manifestaciones culturales de diversa índole a que se sometan a normas y configuraciones políticas estancadas e inmutables. A la lógica de una sola vía y de una política homogénea. Cualquier política cultural al ser adoptada por el país, debe garantizar la apertura de los canales institucionales y financieros, a través de la reforma del sistema nacional de cultura, a amplios sectores tradicionalmente atendidos por las “políticas de recorte social o de corte asistencialista”. Es significativo que el país no posea una política de cultura para los indígenas, para la artesanía, para estimular la diversidad cultural de las varias regiones brasileñas, para los grupos culturales que perviven en las favelas y barrios de la periferia de los grandes centros urbanos. Y es sintomático que no se emprenda, en un mundo marcado por el tránsito incesante de informaciones, una política de comunicación cultural capaz de generar productos informativos de calidad para la inmensa red nacional de educación y también para los mercados televisivos y editoriales.

A partir de la década de los noventa, los proyectos culturales, se destacaron en
la conquista de los espacios públicos y en la legitimación de los derechos sociales de los movimientos comunitarios y periféricos de los grandes centros urbanos. El primero de esos nuevos liderazgos culturales se identifica especialmente a través de nuevos actores juveniles, movimientos culturales que se originan en pequeñas comunidades populares de la periferia de los grandes centros urbanos. Luchan por la ampliación de su representatividad política a través de la expresión de varias formas artísticas y culturales. La efervescencia de lo diferente, de lo distinto, comienza a nacer en las favelas, en los suburbios, donde grupos de jóvenes se organizan para hacer música, bailar, hacer graffitis, producir fanzines o bien organizar acciones solidarias. A través de la apropiación de lenguajes artístico-culturales, sin muchas veces atender a profesionalización alguna, es alrededor de la dimensión cultural que estos grupos se organizan, se articulan, expresan sus cuestiones cotidianas, sus condiciones de vida y sus inquietudes con el país. Algunos de esos grupos se profesionalizan, sin perder, sin embargo, su dimensión comunitaria, pasando a intervenir en el mercado cultural de manera insistente, como es el caso de grupos de hip hop de São Paulo, de mangue beat del nordeste de Brasil o del reggae en Bahía y Río de Janeiro: “hacer música, bailar, grafitar, hacer teatro, producir fanzines, organizar acciones solidarias, etc. [...] Y sobre todo en torno a la dimensión cultural que esos grupos articulan para encontrar sus iguales y por medio de diferentes lenguajes, expresar sus inquietudes, sus cuestiones, sus visiones del mundo, sus condiciones de vida y sus inquietudes sociales. Observamos esta riqueza y nos inquietábamos con su invisibilidad”. (Freitas, 2002).

El poder de estos movimientos culturales expresados en innumerables ejemplos dispersos por todo el país trae, sin lugar a duda, un dato nuevo para el conjunto de las prácticas sociales y de ocupación del espacio público, que aún no han sido debidamente asimilados. En parte, por la ausencia de políticas culturales y signos estructurantes que pueden intervenir decisivamente en el diseño de las políticas públicas y de las llamadas agendas sociales en Brasil. A pesar del gran esfuerzo de redemocratización del país, la cultura no logró aún alzarse con un estatuto de política central en el proceso de comprensión de la dinámica social, ni del aprovechamiento de los nuevos datos que ofrece, para lograr la efectividad en las políticas de desarrollo del país y en la gestión de los recursos sociales. El trazo de la invisibilidad siempre ha operado como una máscara de incomprensión y de no reconocimiento del papel central que posee la cultura y de la fuerza de las prácticas locales en el fortalecimiento de la democracia brasileña. Democracia que debe incorporar el respeto a las diferencias, a la diversidad y al pluralismo cultural, a las cuestiones de género, étnico-raciales y a la protección a las minorías culturales. Tal vez por eso, o sobre todo por ello, la absorción de esas prácticas culturales originarias de las periferias urbanas y protagonizadas especialmente por jóvenes, haya sido traducida erróneamente como acción social capaz de transformar indicadores históricos de desigualdad —salud, educación, saneamiento básico, nutrición— de manera mágica. Programas de música, capoeira o baile, que deberían estar al alcance del universo cultural, como un derecho asegurado por la sociedad, han pasado a ser financiados no como una extensión de esos derechos culturales asegurados por la Constitución, sino como remedio para una acción social más ingenua.

Muy recientemente, ya en la gestión de Gilberto Gil, comenzamos a percibir una preocupación efectiva en comprender y apoyar esas experiencias, a partir de una visión más global de política pública de cultura. Ese esfuerzo se traduce en programas como el Pontos de Cultura que pone a disposición recursos para experiencias comunitarias en todo el país. Es un principio que merece elogios.
Lo importante es insistir, en línea con las experiencias de otros países latinoamericanos, en que el mejoramiento del proceso democrático brasileño, inevitablemente debe caminar en esta dirección.

De allí, la importancia de las políticas culturales para asegurar el reconocimiento y la visibilidad de las diversas prácticas culturales originadas en el territorio local y para focalizarlas como capital cultural relevante para el desarrollo sostenible del país, ya que, de hecho, los avances marcados por la ampliación de los apoyos a proyectos locales, pueden ser sentidos por toda la comunidad y no únicamente por sus protagonistas. Se corre el riesgo de promover nuevas prácticas en el seno de cada comunidad, donde proyectos aislados pueden llegar a producir nuevos vencedores elevados al estatuto de “famosos” sin que el ambiente comunitario crezca y gane colectivamente al ver garantizado su derecho de acceso a los bienes y servicios culturales públicos. Nunca, en Brasil, se habló tanto de proyectos sociales que promueven, a través
de la vía artística, a niños y niñas de las grandes periferias urbanas al panteón
de la fama de la industria del entretenimiento. Nada malo habría en ello, si pensamos que talento y garra no son privilegio de una elite, puesto que no poseen marca de distinción ni social, ni étnica, ni religiosa. Pero no deja de ser
sorprendente si evaluamos la forma en que la sociedad, y, en especial, los formadores de opinión, perciben sus potencialidades y resultados. La favela toma vigor a los ojos de la elite, por iniciativas de esta naturaleza, y sus gentes permanecen ajenas a los avances sociales específicos y sometidas a la falta de
opciones de empleo, de educación, de ocio, entendidos éstos como derechos y
no como privilegios, permaneciendo así en territorios que penetran por la puerta del fondo en el “círculo reducido de la república imperfecta” y lo hace gracias a su talento con la música, con la danza o con la pelota. Nunca por la
acción política y ordenada de una sociedad que lucha por una democracia que
extiende a todos el derecho a la educación, a la salud, a la justicia y, por supuesto, a la cultura. A los ojos de los afortunados, las brechas abiertas en ese pequeño mundo de opulencia de los más talentosos y competitivos, se produce la propia redención social de otros tantos que no quieren o no pueden, o quizás, no consigan integrarse a esos nuevos círculos de poder. Continuamos siendo el país que reproduce de manera incesante la lógica de los vencedores: la democracia que construimos no es aquella que garantiza los derechos universales, sino la que ofrece concesiones. Ningún proyecto aislado, por excelente que sea, supera o sustituye el necesario avance en las políticas de carácter universal, la presencia del Estado en las comunidades y territorios a través de equipamientos y programas culturales de calidad, la inserción de contenidos culturales en las prácticas educativas, los circuitos e intercambios culturales organizados localmente, la memoria de los barrios y de las comunidades que son preservadas a través de las iniciativas públicas de visibilidad. O sea, un conjunto de acciones sostenibles y aseguradas en el tiempo que, al fortalecer los espacios culturales comunitarios, incentive prácticas variadas, en las escuelas, en las calles, a través de oficinas, de clases públicas y conciertos abiertos, de la apertura de espacios reales o simbólicos de creación artística y de desarrollo espiritual, buscando formas más concretas de mediación entre el proyecto cultural y el ciudadano. Formas que superen la concepción del sujeto como mero espectador, pero que colaboren para proveer morada a experiencias significativas abiertas a ciudadanos más privilegiados.

Como recuerda el intelectual colombiano José Bernardo Toro en su libro La construcción de lo Público: Ciudadanía, democracia y participación: “La justicia social está relacionada con la cantidad y disponibilidad de los bienes públicos a que tienen acceso los ciudadanos. Lo público, se hace posible para la equidad y la participación. Lo público se construye tomando a la sociedad como base y se caracteriza por la capacidad de una sociedad de garantizar las mismas condiciones y ofrecer a todos sin distinción la misma calidad de los bienes y servicios. (Toro, 2005).

Para concluir, destacamos las palabras de la doctora brasileña en Derechos Humanos, Flávia Piovesan, pronunciadas con ocasión del seminario promocionado por la Oficina de la UNESCO en Río de Janeiro y SESC en el año 2002, que parece dar mayor sentido a ese pilar de la política cultural: “La protección de los derechos humanos, en una sociead cultural, requiere una observancia de los derechos culturales, en cuanto derechos universalmente aceptados. No hay derechos humanos, ni tampoco democracia, sin una justicia cultural, sin una diversidad y sin pluralismo cultural, y tampoco sin que se asegure el derecho de existir, el derecho a la visibilidad o el derecho a la diferencia y a la dignidad cultural”. (Piovesan, 2002).


Marta Porto
Periodista, postgraduada en Planificación Estratégica y Sistemas de Información en la Maestría en Ciencias de Información. Ejerce distintos cargos públicos en organismos nacionales e internacionales, siempre liderando procesos en campo social. Dentro de estas actividades destacan la Dirección de Planificación y Coordinación Cultural de la Secretaría Municipal de la Cultura de Belo Horizonte, MG (1994-1996), la Coordinación Regional de la Oficina de UNESCO del Estado de Río de Janeiro (1999-2002) y la Dirección de Responsabilidades Sociales del Grupo Takano (2003-2004). Además de ser
autora de artículos y ensayos publicados en la prensa y en recopilaciones en libros y en revistas especializadas, coordina y organiza ediciones de libros de no ficción para varias editoriales, como Coleção Valores e Atitudes y Série
Desafios de Hoje, ambos con la Editora SENAC Rio. Actualmente es directora de (X) BRASIL, oficina de información sobre asuntos públicos y miembro de diversas comisiones y comités internacionales ligados al área sociocultural. Ha
recibido diferentes premios y becas, como los nacionales Orilaxé, Beija-Flor, y la Menção Honrosa del Gobierno del Estado de Río de Janeiro, e internacionales, como el Prix Mobius de Multimídia Cultural que otorga el Ministerio de Cultura de Francia.
Notas

miércoles, 16 de marzo de 2011

Voz Invitada


(Agradecemos a Alicia Soto Palomino, promotora de lectura, su gentil autorización para publicar la Ponencia que presentó en el marco del Foro Nacional sobre Investigación y Creación Artística)
Investigación, traducción y difusión innovadora de leyendas de origen náhuatl de Mesa de Calcote Veracruz .
Alicia soto Palomino y Gustavo Fox Rivera

La presente ponencia se refiere una investigación participativa que hemos realizado un grupo de docentes e investigadores de bachillerato, promotores culturales independientes y de la Universidad Veracruzana. Se refiere a la conformación de una antología de mitos y leyendas provenientes de Mesa de Calcote, comunidad perteneciente al Municipio de Chicontepec, en el estado de Veracruz.
El proyecto inicia a partir de la asistencia a un taller de actualización docente en el cual fungí como coordinadora, en el año 2008. Como punto central del taller los asistentes tenían como meta recopilar los mitos y leyendas de las comunidades en las cuales desarrollan su labor educativa.
Con la respuesta de Saúl Guzmán García, el proyecto inicial tomó forma y nos comprometimos a continuar con la investigación y traducción de las leyendas, lo que se ha convertido en un  proceso que nos ha conducido al aprendizaje permanente, a la gestión de interventores culturales, sociales e históricos.
Marco situacional
Desde hace veintiún años laboro como docente de diversos niveles educativos y he considerado que la lectura y escritura se desarrollan de forma más eficiente cuando se utilizan estrategias didácticas innovadoras y se fomenta un ambiente lúdico, lo cual fortalece el gusto por la lectura.
Durante dieciocho  años he desempañado una labor como coordinadora de talleres que conducen al placer y la creatividad vinculados a las  actividades de la lecto-escritura.
Durante dieciséis años he laborado en el Telebachillerato de Veracruz. Una de las características de este sistema educativo es llevar la formación educativa a jóvenes que no tienen la oportunidad de estudiar en las escuelas de zonas urbanas. Por ello, muchos de los docentes tenemos que radicar en las comunidades y ser hijos adoptivos durante el tiempo que sea necesario trabajar ahí.
Los docentes tenemos que desarrollar diversos roles sociales como ser tutores, psicólogos, orientadores y hasta promotores culturales. Nos convertimos en líderes y, en este sentido, es interesante el desempeño laboral y la búsqueda de proyectos útiles para las comunidades.
Ser docente de telebachillerato nos permite desarrollar una forma de trabajo muy digna que facilita la intervención en los procesos educativos, culturales de la comunidad y lo más importante: su transformación.
Así podemos observar que  la comunidad de Mesa de Calcote carece de:
  • Bibliotecas,
  • Proyectos de recuperación de la lengua náhuatl  y del interés por rescatar la tradición oral.
  • Documento que atestigüen  la procedencia histórica de su comunidad.
  • Material impreso que sea el reflejo de su trabajo de creación literaria.
  • Recursos tecnológicos que faciliten la difusión de este tipo de materiales.
A mi compañero Saúl y una servidora nos interesó resolver una interrogante: ¿Cómo rescatar la belleza del idioma náhuatl, sus leyendas y poderlas compartir con nuestros compañeros? No contábamos con una antología que nos señalara una ruta, tampoco teníamos la asesoría de expertos que nos dijeran si la forma de recuperar los conocimientos, experiencias y leyendas de los pobladores de Mesa de Calcote, eran correctas. Partimos de la intuición, dedicación y entusiasmo por recuperar las vivencias de estos sencillos pobladores.
En el año 2009, Saúl me envió una serie de leyendas y anécdotas en náhuatl y  español y me dijo que ahí estaba el producto de un taller que había realizado con sus alumnos del “Telebachillerato de Mesa de Calcote”. Ese era el material primigenio que daría como resultado una antología de leyendas e historias traducidas al náhuatl, español, inglés y francés.
Un trabajo de investigación: trabajo en colectivos que conducen a un ámbito artístico
La coordinación del trabajo, a mi cargo, tuvo como primera acción pulir la versión en español y buscar colaboradores para revisar la versión en náhuatl y las traducciones al inglés y francés.
Durante dos años he recurrido a varios colaboradores, a veces logrando con éxito su participación; es preciso decir que no contamos con  apoyo económico, todo es por amor a la cultura, al arte, a las tradiciones de Veracruz.
Tipo de estudio y etapas de desarrollo de la investigación
El enfoque es esencialmente cualitativo, combina la hermenéutica y la aproximación social para la reconstrucción de los idearios imaginarios de las leyendas. La descripción de la realidad en la que se desarrollan estos relatos en muy árida ya que no contamos con datos acerca de ella. En algunos documentos solamente hemos encontrado el mapa de la comunidad y el número de escuelas y habitantes.
En una etapa futura del proyecto el grupo de investigadores pretendemos ir a Mesa de Calcote Veracruz para realizar algunas entrevistas, grabaciones, compilación de material con la finalidad de  profundizar en los ámbitos literarios, históricos y sociales de la comunidad.
Es importante  aclarar que en el transcurso de este proyecto se han unido muchas personas, como Gustavo Fox Rivera, quien tiene veintidos  años trabajando como promotor cultural; su experiencia enriquecerá este proyecto, pues las etapas siguientes serán más productivas ya que los investigadores y actores sociales compartiremos experiencias directas que serán de gran valor para futuros proyectos.
Propósitos que han guiado la experiencia de investigación
  • Difundir las leyendas originales de la comunidad de Mesa de Calcote Veracruz.
  • Difundir la tradición oral.
  • Conocer los orígenes históricos de este lugar.
  • Valorar la sabiduría popular.
  • Servir de ejemplo para que otros compañeros de Telebachillerato hagan algo similar.
  • Servir de base para la formulación permanente de propuestas vinculadas a la investigación y creación artística.
  • Ser  vínculo para compartir en otros idiomas, la sabiduría popular.
  • Ser embajadores de nuestras tradiciones en países de habla inglesa y francesa
  • Resultados y avances de la experiencia
Después de tres años de haber realizado esta convocatoria y dos años de contar con el material para procesar la información, podemos decir que el proyecto está a punto de concluir, y lo que sigue es la publicación de la antología. Posteriormente otros rubros guiarán nuestras investigaciones y los involucrados, seguramente serán otros actores, tanto en la comunidad de Mesa de Calcote como en los proyectos que realizaremos.
Conclusión
El hecho de estar a cargo de un proyecto de este tipo, marca una etapa muy importante dentro de mi trayectoria como promotora de lectura, es sin duda, un suceso significativo que vincula una serie de momentos que van desde la cálida motivación realizada en el taller de promoción de la lectura, hasta la realización y concreción de historias que muestran la sabiduría de una comunidad  la cual no ha sido tomada en cuenta a pesar de su riqueza cultural.
El trabajo teatral de Gustavo, enriquecerá las siguientes etapas de este proyecto y en su momento, él expresará sus perspectivas. Reconozco la participación de Elissa haciendo múltiples traducciones al inglés para compartir de forma óptima la belleza de los contenidos de las leyendas y sobre todo escudriñar sobre los datos históricos que le muestran un panorama inédito de la Revolución Mexicana. También su apoyo para contactar con una persona de lengua francófona para pulir la versión de Francés. De igual manera agradezco la dedicación de  María, correctora de estilo en el idioma náhuatl, quien celosa del cuidado de la lengua materna la defiende con tanto énfasis y nos comenta que el significado de esas leyendas es mucho más rico en su mundo y su universo, es más complejo que   el nuestro. Ella en todo momento ha defendido la perspectiva indígena y atendiendo a sus consejos, elaboramos un minitaller para darle vida a los textos a través de dibujos.
Mis colaboradores cercanos: David, Xareni, Citlalin, Abraham, Gustavo y Adalberto Fox Rivera, son los que me han ayudado a concluir este proyecto, participando con la formulación editorial, talleres para reforzar los contenidos expresados en varios idiomas.  Cómo olvidar al principal causante de todo ésto: Saúl García Guzmán, quien ha hecho de este sueño un producto tangible que podrá estar en manos de otros alumnos de Telebachillerato y en pobladores de las comunidades de varios estados quienes constatarán que sí es posible encerrar las historias en un trozo de papel y luego echarlas a volar nuevamente para que aniden en otras mentes que aún no valoran sus raíces ancestrales, tan importantes para enfrentar las catástrofes por las que atraviesa nuestro país.
Invitamos a todos los lectores y promotores culturales a unirse a este tipo de actividades, ya que solamente unidos en las acciones, lograremos cambios tangibles que muestren a los jóvenes el interés y belleza de nuestras raíces y con ello estaremos dejando la mejor herencia: una carta, un libro un texto que prevalecerá en la mente y corazón de los receptores.

 
* Promotores culturales independientes de Xalapa, Veracruz.