Mostrando entradas con la etiqueta política cultural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política cultural. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de noviembre de 2010

Voz invitada

(Agradecemos a Juan José Barrientos habernos facilitado su artículo que si bien fue publicado el 14 de diciembre de 2005 en el periódico Política, tiene gran vigencia ante los cambios de la administración estatal que se avecinan)

La cultura como atracción turística
Juan José Barrientos


El proyecto de crear una Secretaría de Turismo y Cultura, no está debidamente fundamentado, pues el texto presenta varias lagunas y cabos sueltos. En la exposición de motivos, se menciona, por ejemplo, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) aprobó el 10 de Octubre la “Convención sobre la  promoción y protección (sic) de las Expresiones Culturales”, un texto que reafirma el derecho soberano de los Estados a elaborar políticas culturales con miras a “proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales”.

No se aclara, sin embargo, en qué forma la creación de una Secretaría de Turismo y Cultura serviría para proteger y  promover el patrimonio y las expresiones culturales de los veracruzanos. ¿Se ha protegido acaso al Tajín al celebrar conciertos de rock y otras actividades durante el festival que coincide con el inicio de la primavera? ¿Se ha promovido en esa forma la lengua y las tradiciones totonacas?

La verdad es que con la llamada “reingeniería administrativa” culmina la política cultural de Alemán, para quien el patrimonio cultural de los veracruzanos,  el folklore y las artes no eran sino atracciones turísticas, es decir mercancías que había que colocar en el mercado para captar divisas, lo que se opone radicalmente a la convención mencionada.

En otras palabras, en la exposición de motivos se tergiversa la “Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales” aprobada el lunes 20 (y no el 10) de octubre por 151 votos a favor, 2 en contra (Estados Unidos e Israël) y 2 abstenciones (Australia y Kiribati, una isla del Pacifico).

Se trata de un texto de unos treinta artículos, que estipula que "las actividades, bienes y servicios culturales (...) no deben ser tratados como si  sólo tuvieran un valor comercial" y autoriza a los países a tomar "las medidas que consideren apropiadas" para proteger su patrimonio cultural.

Los principales promotores de esta convención fueron los franceses y los principales opositores nuestros vecinos del Norte. ¿Por qué? De no haberse aprobado la convención, los franceses no habrían podido hacer nada para proteger, por ejemplo, a la canción y al cine franceses, amenazados por las producciones hollywoodenses y la industria disquera de las transnacionales, que hubieran quedado sujetas a las leyes de la oferta y la demanda.  En otras palabras, la cinematografía francesa hubiera corrido la misma suerte que nuestra industria azucarera, amenazada por los productores de fructuosa de los Estados Unidos. La única forma de protegerla era declarando lo que se llamó “excepción cultural”, es decir que ese tipo de productos no se podían tratar como simples mercancías.

La “reingeniería” propuesta por el ejecutivo enfatiza, por el contrario, el carácter comercial del patrimonio y las expresiones culturales, con lo que se rebajan a meras atracciones turísticas. En la Exposición de motivos, se habla mucho de España, la India y otros países, pero no se menciona a Francia, un país que capta tantos turistas o más que la península, y lo hace sobre todo por su cultura,  pero donde no existe un Ministerio de Turismo y Cultura, precisamente porque los franceses no han querido rebajar su gastronomía y sus vinos, sus museos y galerías, conciertos y recitales a meras atracciones para turistas.

Y yo creo que si se va a hablar de turismo, no se puede ignorar a los franceses, que algo saben del tema, pues incluso la palabra turismo es de origen galo.


Juan José Barrientos es escritor, obtuvo un doctorado en letras en el Colegio de México (1978) y trabaja como investigador en la Universidad Veracruzana.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Voz invitada

Esta semana los invitamos a leer el artículo de Sabino Cruz, gestor cultural y periodista, quien hace un análisis del trabajo cultural desde las instituciones y desde los creadores.

Agenda Cultural



Sabino Cruz V.


Cultura y poder

Guillermo Bonfil Batalla entendía por poder en política cultural, la capacidad de decisión del sector de las artes y la cultura para promover, impulsar, cuestionar o rechazar alguna acción del gobierno federal, estatal o local o de cualquier otra instancia que tenga vínculos con alguna expresión simbólica; sea a través de un programa, reconocimiento, subsidio o promoción a un elemento identitario.

Este aumento de fortalezas y habilidades del grupo de las artes y la cultura –sean estos visuales, escénicos, sonoros, literarios o de las expresiones originales- para participar, negociar, influir, controlar las acciones que afecten sus vidas y hacer que las instituciones rindan cuenta (Narayan, Banco Mundial, 2002), sería la manifestación visible del respeto e importancia que se tendría para este segmento de la sociedad.

Sin embargo, en la actualidad se está muy lejos de que autoridades alguna -de cualquier nivel de gobierno- tomen en cuenta las opiniones, sugerencias y necesidades de la mayoría de los miembros, pues con mucha frecuencia, sólo es la visión de un grupo de notables la que permea en las políticas culturales.

Esto, que en principio responde a una lógica de la administración pública, y a la falta de espacios y recursos para hacer una amplia convocatoria para que participen los distintos actores del quehacer creativo, en realidad, detrás están los usos y costumbres -por no decir cotos de poder- que un reducido grupo de artistas consagrados hace suyo para seguir gozando de beneficios personales.

Desafortunadamente lejos se está de la construcción de una cultura en la que sociedad de artistas y administraciones públicas promuevan las iniciativas que impulsen nuevamente el desarrollo de las expresiones sensibles del estado o de alguno de los doscientos doce municipios, teniendo como principio la apertura de oportunidades a todos, sin distingo de sexo, nivel económico, propuesta estética y filiación partidista.

Pero más lejos está la solidaridad gremial entre los distintos miembros que conforman el grupo de las artes, y mucho más alejada, la conciencia de clase y el sentido social dentro del conglomerado, lo que debilita la cohesión y vulnera el escudo contra las imposiciones y restricción presupuestales

En tanto no haya una unidad - –no digamos entre los distintos protagonistas- sino entre los mismos artistas pláticas, bailarines, actores, músicos, literatos, se supere el canibalismo, la descalificación a priori y la amnesia histórica [la dialéctica de la negación por la negación], difícilmente se tendrá una organización sólida y comprometida con los proyectos nacionales.

El notable divisionismo entre colegas, producto quizás a la escasa promoción de elementos identitarios en los centros educativos por parte de las autoridades como del personal docente, es quizás el factor que incide en el limitado sentido gremial de los artistas.

Mientras los artistas mestizos o nativos no se asuman como una clase social, les será difícil tener un mejor acceso a la información, a la transparencia de recursos, la rendición de cuenta, y la capacidad de decisión; pero principalmente a la asignación y conservación de un presupuesto.



Sabino Cruz V. Tiene la Maestría en Historia del Patrimonio Cultural (Ibero-Puebla); la Especialidad en Políticas Cultural (UAM/OEI); así como los Diplomados en Gestión Integral de Políticas e Indicadores Culturales (OEI/CONACULTA) y  Gestión Cultural y Arte (CONACULTA/UV/IVEC). Es Catedrático de la Facultad de Teatro-UV y analista cultural de los Diarios AZ y Milenio El Portal.

martes, 24 de agosto de 2010

III: Miradas a lo cultural: Espacios para la creación y la creatividad

Senderos de lo cultural
III. Miradas a lo cultural: Espacios para la creación y la creatividad


Lourdes Hernández Quiñones


Una de las reuniones de representantes del sector cultural y artístico con el entonces candidato a la gubernatura de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, fue convocada por la agrupación Fundarte. Se dice que lo que corrió con mayor soltura fueron las copas; sin embargo, al parecer, la fluidez de ideas no fue la tónica de esa noche. La intención fundamental de ese evento era presentar a Duarte un proyecto para un centro cultural en Xalapa, elaborado por el grupo antes mencionado. Lástima que se desaprovechó la ocasión pues esa no es la única problemática en lo cultural.
Al mirar hacia lo alto de la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Informática USBI de la Universidad Veracruzana, en Xalapa, se aprecia una construcción en proceso-lento proceso-. Se trata de lo que algún día (que ya no fueron los del año del Bicentenario y el Centenario) será la sala de conciertos más importante de estas latitudes, por lo menos así la han vendido ante la opinión pública. ¡Claro que a Xalapa le hace mucha falta ese espacio para la Orquesta Sinfónica de Xalapa! ¡Por supuesto que cuando dicha construcción se finalice nos sentiremos todos muy contentos! Y sólo será un espacio que cubrirá las carencias para que la OSX ensaye y actúe con la dignidad que merece.
El Centro Cultural Los lagos (ahora Casa del lago de la Universidad Veracruzana) que el Instituto Veracruzano de la Cultura dejó ir con una facilidad terrible, sigue durmiendo un largo sueño…probablemente para la Feria del Libro universitario empiece a dar algunas sorpresas. Por lo pronto, sólo da tristeza al pasar por allí y encontrar el portón cerrado. ¿Y qué pasó con el Teatro J.J. Herrera? Mucho ruido pero pocas nueces…
Los grupos de teatro han optado por presentarse en espacios culturales alternativos que sin tener las condiciones adecuadas para tal fin, han ayudado en mucho para que la actividad teatral no deje de tener presencia en Xalapa; lo mismo ha ocurrido con la música, los títeres y aunque en menor proporción, con la danza.
Xalapa y la mayoría de las ciudades de la entidad, carecen de la infraestructura adecuada para la actividad artística y lo que es peor aún, ha existido indiferencia de las autoridades correspondientes para dar solución a esta problemática. Es un asunto complejo que no se resolverá simplemente al construir o abrir más espacios; se trata de que su diseño y ubicación respondan a una planeación cultural a partir de las necesidades de la comunidad cultural y también de la población. ¿Por qué pensar en espacios que se ubiquen-como siempre- en el centro de Xalapa? Habría que partir de hacer un diagnóstico de lo existente y la posibilidad de dar un mayor uso a los espacios públicos: parques, estaciones de trenes, mercados, plazas comerciales. Se trata de que lo cultural no se encierre en espacios que más que hacer una invitación a las artes, espantan al público potencial. De que la cultura se viva como algo cotidiano en esos lugares que transitamos a diario. De que la creatividad no sólo sea el producto del creador, sino también la palanca de cambio para imaginar la cultura como el gran sueño que nos permitirá transitar hacia un mejor futuro.